Miles de ciudadanos se manifiestan en favor de la independencia en Durango


En Euskal Herria hay condiciones para
abrir un nuevo ciclo político
El treinta aniversario de la Constitución Española se presenta ante la sociedad
vasca en un momento de gran trascendencia política. El instrumento que
canalizó la transición post-franquista, negando a Euskal Herria los derechos
democráticos que como nación le corresponden y estableciendo unas
relaciones de dependencia y subordinación político-económica, sigue
situándose como tótem determinante del unionismo español para mantener el
conflicto de soberanía entre Euskal Herria y el Estado Español.
Hablar de la Constitución Española es, así mismo, hablar de las ramas que
surgen de ese tronco jurídico-político: los estatutos de autonomía. No se
pueden considerar los estatutos como algo al margen de la Constitución como,
en ocasiones, nos han querido presentar dirigentes del PNV para obviar sus
limitaciones estructurales y dar cobertura a su apuesta política. Eso es un
fraude analítico y, por supuesto, político. Así pues, la Constitución y estatutos
forman un mismo bloque jurídico-político.
1.-La operación constitucional y estatutaria
Treinta años es tiempo suficiente para poder hacer un balance profundo,
sereno y sosegado sobre la evolución política en Euskal Herria y el proceso de
liberación nacional que enfrenta a sus sectores trabajadores y populares con
el Estado Español. Y es que, en muchas ocasiones, la densidad de la niebla
política presente en una determinada coyuntura suele impedir evaluar
adecuadamente las diferentes fases cubiertas en términos de proceso de
liberación nacional.
En primer lugar, recordar que ante la operación diseñada por los poderes
fácticos económicos y militares, pretendiendo perpetuar la opresión nacional y
de clase del franquismo con un mero maquillaje político, sólo la izquierda
abertzale se alzó en posiciones de denuncia, resistencia y alternativa política.
Hoy, transcurridos 30 años, escuchamos voces que, en un ejercicio de
honestidad tardía pero bienvenida, reconocen abiertamente que la transición
se hizo bajo el control y el chantaje de un Ejército Español y unos sectores
oligárquicos que impusieron con claridad los límites de la llamada reforma
política. La unidad de España en un nuevo marco de organización territorial
interna, la propiedad privada, la monarquía, la bandera y una “ley de punto
final” sobre los crímenes de la Dictadura eran los mimbres sobre los cuales
debía construirse la “joven democracia española”.
Curiosamente, esa “ley de la amnistía” de 1977 se sitúa ahora como
cortafuegos para evitar el juicio político y penal a un franquismo convertido en
uno de los pocos regímenes fascistas inmunes a su política criminal.
Fueron pues esos mimbres, aceptados y legitimados por sectores de la
izquierda española y el nacionalismo vasco, los que dieron carta de
credibilidad a la reforma del franquismo, condicionando, como consecuencia,
alternativas políticas y sociales progresistas. Así pues, el pacto constitucional
y los pactos de la Moncloa fueron las dos caras de una transición tutelada y
dirigida por el espíritu del franquismo.
Ahora, cuando esa transición tiene en Euskal Herria, en términos políticos,
evidentes síntomas de agotamiento, la izquierda abertzale no quiere quedarse
anclada en aquellas referencias aunque, eso sí, al mirar al futuro es necesario
disponer de una perspectiva pedagógica sobre ese momento histórico.
Sencillamente, porque, tal y como está escrito, “los pueblos que olvidan su
propia historia están condenados a repetirla”.
2.-Los objetivos de la operación
En la operación constitucional-estatutaria el objetivo por parte del Estado era
claro: buscar la aniquilación política del proyecto independentista legitimando
un status de partición territorial y ausencia de soberanía. La división del
sujeto nacional en Hego Euskal Herria, como en el caso de los Països
Catalans, pretendía negar el propio sujeto político vasco y, a su vez, la
configuración artificial del mapa territorial (17 autonomías) intentaba
neutralizar con “autonomías” el problema nacional interno.
La imposición de ese instrumento jurídico-político, con la cesión de la gestión
autonómica al PNV y PSN, iba ligada al combate represivo de la disidencia y
resistencia encarnada en la izquierda abertzale. Desde leyes especiales hasta
los crímenes de Estado (GAL y otros) los diferentes Gobiernos han pretendido
la reinserción política de la izquierda independentista en el modelo
constitucional.
3.-Balance político
Los independentistas de izquierda hemos hecho frente a esa situación desde
la organización del pueblo, la lucha en ayuntamientos y parlamentos, la lucha
sindical, la lucha popular... y podemos afirmar con humildad que, aunque con
errores y fracasos parciales, hemos desenmascarado primero y agotado
después el marco constitucional estatutario que se ha querido imponer a
Euskal Herria.
Hoy, sin lugar a dudas, afirmamos que el marco constitucional estatutario no
tiene ni credibilidad ni capacidad de recorrido estratégico. La mayoría popular
vasca tiene la voluntad de construir su futuro desde parámetros sustancial y
radicalmente diferentes a los impuestos por la Constitución y los estatutos
particionistas.
Hoy manifestamos con rotundidad que las condiciones objetivas y subjetivas
para el cambio político son una realidad constatable en el tejido social y
popular de Euskal Herria.
Al mismo tiempo, el número de ciudadanas y ciudadanos que aspiran a
construir un Estado Vasco en Europa se ha ido incrementando en las últimas
décadas, pudiéndose afirmar que, en un escenario democrático, podrían ser
mayoría en nuestro país. Esta realidad se cimenta, además, en la constatación
de que la Comunidad Internacional y más concretamente la Unión Europea,
asiste al nacimiento de nuevos Estados como fruto de la voluntad democrática
de diferentes naciones. Los ejemplos de Irlanda, Escocia, Flandes,
Groenlandia… o hace unos años Eslovenia, Eslovaquia, Bielorrusia, Lituania…
son el reflejo nítido de una coyuntura internacional donde la voluntad de los
pueblos por acceder a un status de Estado sigue abriéndose paso en el
escenario europeo.
Así mismo y desde nuestra posición de izquierda transformadora, asistimos
con ilusión y expectación a los nuevos fenómenos que se desarrollan a nivel
mundial, fundamentalmente en América Latina. Procesos convertidos en una
segunda lucha por la Soberanía Política y Económica por su enfrentamiento al
colonialismo que vienen ejerciendo las multinacionales y el capital financiero
internacional.
Por eso, cuando nos hallamos involucrados en la enésima crisis cíclica del
capitalismo, reafirmamos nuestra voluntad de defensa de los intereses del
pueblo trabajador vasco en su combate por un modelo social alternativo.
4.-La actual situación: nuestros retos
Desde estas coordenadas reflexivas la izquierda abertzale considera que
Euskal Herria está en condiciones de abrir un nuevo ciclo político. El pulso
actual, a modo de tránsito de un modelo agotado a un nuevo escenario que no
termina de definirse en sus bases políticas, constata esas variables tanto en el
debate político como en la estrategia del Estado en general.
En esta coyuntura los y las independentistas y socialistas vascas tenemos un
importante reto: construir una estrategia eficaz para alcanzar nuestros
objetivos tácticos y alimentar el planteamiento estratégico, es decir, una
estrategia eficaz para alcanzar un escenario democrático, que abra las
puertas a la posibilidad de materialización de todas las opciones políticas, y
para reforzar el proyecto independentista y socialista.
Desde esa referencia nuestras tareas consistirán en:
a) Neutralizar las intenciones del PNV de reeditar el pasado con “conciertos
políticos” que pretenden cortocircuitar un cambio político basado en el
reconocimiento de Euskal Herria como nación. Las hipotecas políticas y
económicas de este partido no pueden, otra vez, convertirse en las hipotecas
del conjunto del Pueblo Vasco.
Los intentos de reeditar viejas fórmulas autonomistas, repitiendo los errores
de hace 30 años, deben ser neutralizados por los sectores independentistas
vascos. En ese sentido, los y las independentistas debemos aglutinar nuestras
fuerzas y conformar un bloque popular independentista capaz de convertirse
en un polo alternativo a quienes quieren regenerar los vigentes mecanismos
de negación e imposición dando la espalda al sentir popular abertzale y
progresista.
b) Construir una alternativa real y eficaz que oferte al Pueblo Vasco los
instrumentos políticos, sociales, organizativos e institucionales para iniciar la
andadura desde la actual realidad hasta la construcción del Estado Vasco. La
construcción de ese Estado deberá articular el sujeto nacional vasco y, al
mismo tiempo, plantear una alternativa real al modelo social imperante
situando los intereses de los y las trabajadoras y las capas populares en el
centro de la actividad política e institucional.
c) Construir un proceso de diálogo y negociación política que conduzca a
Euskal Herria, desde el reconocimiento nacional y el respeto a la voluntad de
la ciudadanía vasca, a un escenario de paz justa, estable y duradera. En ese
sentido, nos reafirmamos en el camino emprendido con la Declaración de
Anoeta, entendiendo que sólo desde la negociación y el diálogo será posible
superar en términos democráticos el conflicto político, abordando soluciones
integrales que, entre otras cosas, permitan la liberación de todos los presos y
presas políticas vascas.
d) Vertebrar una respuesta a la represión y apartheid político e institucional,
articulando un amplio frente popular contra la vulneración sistemática de
derechos civiles y políticos, la represión y la persecución de sectores de la
sociedad vasca.
Por todo ello, hacemos un llamamiento a los sectores independentistas a
aunar esfuerzos para hacer frente con eficacia a dichos retos y tareas.
Finalmente y en sintonía con los retos y tareas planteadas, consideramos
necesario que todos los agentes sindicales, sociales y políticos que
compartimos dichos objetivos abordemos un debate y una reflexión de
carácter estratégico.
Nuestra disposición para todo ello es sincera, nuestra voluntad también.
En Euskal Herria, a 6 de diciembre de 2008.
abrir un nuevo ciclo político
El treinta aniversario de la Constitución Española se presenta ante la sociedad
vasca en un momento de gran trascendencia política. El instrumento que
canalizó la transición post-franquista, negando a Euskal Herria los derechos
democráticos que como nación le corresponden y estableciendo unas
relaciones de dependencia y subordinación político-económica, sigue
situándose como tótem determinante del unionismo español para mantener el
conflicto de soberanía entre Euskal Herria y el Estado Español.
Hablar de la Constitución Española es, así mismo, hablar de las ramas que
surgen de ese tronco jurídico-político: los estatutos de autonomía. No se
pueden considerar los estatutos como algo al margen de la Constitución como,
en ocasiones, nos han querido presentar dirigentes del PNV para obviar sus
limitaciones estructurales y dar cobertura a su apuesta política. Eso es un
fraude analítico y, por supuesto, político. Así pues, la Constitución y estatutos
forman un mismo bloque jurídico-político.
1.-La operación constitucional y estatutaria
Treinta años es tiempo suficiente para poder hacer un balance profundo,
sereno y sosegado sobre la evolución política en Euskal Herria y el proceso de
liberación nacional que enfrenta a sus sectores trabajadores y populares con
el Estado Español. Y es que, en muchas ocasiones, la densidad de la niebla
política presente en una determinada coyuntura suele impedir evaluar
adecuadamente las diferentes fases cubiertas en términos de proceso de
liberación nacional.
En primer lugar, recordar que ante la operación diseñada por los poderes
fácticos económicos y militares, pretendiendo perpetuar la opresión nacional y
de clase del franquismo con un mero maquillaje político, sólo la izquierda
abertzale se alzó en posiciones de denuncia, resistencia y alternativa política.
Hoy, transcurridos 30 años, escuchamos voces que, en un ejercicio de
honestidad tardía pero bienvenida, reconocen abiertamente que la transición
se hizo bajo el control y el chantaje de un Ejército Español y unos sectores
oligárquicos que impusieron con claridad los límites de la llamada reforma
política. La unidad de España en un nuevo marco de organización territorial
interna, la propiedad privada, la monarquía, la bandera y una “ley de punto
final” sobre los crímenes de la Dictadura eran los mimbres sobre los cuales
debía construirse la “joven democracia española”.
Curiosamente, esa “ley de la amnistía” de 1977 se sitúa ahora como
cortafuegos para evitar el juicio político y penal a un franquismo convertido en
uno de los pocos regímenes fascistas inmunes a su política criminal.
Fueron pues esos mimbres, aceptados y legitimados por sectores de la
izquierda española y el nacionalismo vasco, los que dieron carta de
credibilidad a la reforma del franquismo, condicionando, como consecuencia,
alternativas políticas y sociales progresistas. Así pues, el pacto constitucional
y los pactos de la Moncloa fueron las dos caras de una transición tutelada y
dirigida por el espíritu del franquismo.
Ahora, cuando esa transición tiene en Euskal Herria, en términos políticos,
evidentes síntomas de agotamiento, la izquierda abertzale no quiere quedarse
anclada en aquellas referencias aunque, eso sí, al mirar al futuro es necesario
disponer de una perspectiva pedagógica sobre ese momento histórico.
Sencillamente, porque, tal y como está escrito, “los pueblos que olvidan su
propia historia están condenados a repetirla”.
2.-Los objetivos de la operación
En la operación constitucional-estatutaria el objetivo por parte del Estado era
claro: buscar la aniquilación política del proyecto independentista legitimando
un status de partición territorial y ausencia de soberanía. La división del
sujeto nacional en Hego Euskal Herria, como en el caso de los Països
Catalans, pretendía negar el propio sujeto político vasco y, a su vez, la
configuración artificial del mapa territorial (17 autonomías) intentaba
neutralizar con “autonomías” el problema nacional interno.
La imposición de ese instrumento jurídico-político, con la cesión de la gestión
autonómica al PNV y PSN, iba ligada al combate represivo de la disidencia y
resistencia encarnada en la izquierda abertzale. Desde leyes especiales hasta
los crímenes de Estado (GAL y otros) los diferentes Gobiernos han pretendido
la reinserción política de la izquierda independentista en el modelo
constitucional.
3.-Balance político
Los independentistas de izquierda hemos hecho frente a esa situación desde
la organización del pueblo, la lucha en ayuntamientos y parlamentos, la lucha
sindical, la lucha popular... y podemos afirmar con humildad que, aunque con
errores y fracasos parciales, hemos desenmascarado primero y agotado
después el marco constitucional estatutario que se ha querido imponer a
Euskal Herria.
Hoy, sin lugar a dudas, afirmamos que el marco constitucional estatutario no
tiene ni credibilidad ni capacidad de recorrido estratégico. La mayoría popular
vasca tiene la voluntad de construir su futuro desde parámetros sustancial y
radicalmente diferentes a los impuestos por la Constitución y los estatutos
particionistas.
Hoy manifestamos con rotundidad que las condiciones objetivas y subjetivas
para el cambio político son una realidad constatable en el tejido social y
popular de Euskal Herria.
Al mismo tiempo, el número de ciudadanas y ciudadanos que aspiran a
construir un Estado Vasco en Europa se ha ido incrementando en las últimas
décadas, pudiéndose afirmar que, en un escenario democrático, podrían ser
mayoría en nuestro país. Esta realidad se cimenta, además, en la constatación
de que la Comunidad Internacional y más concretamente la Unión Europea,
asiste al nacimiento de nuevos Estados como fruto de la voluntad democrática
de diferentes naciones. Los ejemplos de Irlanda, Escocia, Flandes,
Groenlandia… o hace unos años Eslovenia, Eslovaquia, Bielorrusia, Lituania…
son el reflejo nítido de una coyuntura internacional donde la voluntad de los
pueblos por acceder a un status de Estado sigue abriéndose paso en el
escenario europeo.
Así mismo y desde nuestra posición de izquierda transformadora, asistimos
con ilusión y expectación a los nuevos fenómenos que se desarrollan a nivel
mundial, fundamentalmente en América Latina. Procesos convertidos en una
segunda lucha por la Soberanía Política y Económica por su enfrentamiento al
colonialismo que vienen ejerciendo las multinacionales y el capital financiero
internacional.
Por eso, cuando nos hallamos involucrados en la enésima crisis cíclica del
capitalismo, reafirmamos nuestra voluntad de defensa de los intereses del
pueblo trabajador vasco en su combate por un modelo social alternativo.
4.-La actual situación: nuestros retos
Desde estas coordenadas reflexivas la izquierda abertzale considera que
Euskal Herria está en condiciones de abrir un nuevo ciclo político. El pulso
actual, a modo de tránsito de un modelo agotado a un nuevo escenario que no
termina de definirse en sus bases políticas, constata esas variables tanto en el
debate político como en la estrategia del Estado en general.
En esta coyuntura los y las independentistas y socialistas vascas tenemos un
importante reto: construir una estrategia eficaz para alcanzar nuestros
objetivos tácticos y alimentar el planteamiento estratégico, es decir, una
estrategia eficaz para alcanzar un escenario democrático, que abra las
puertas a la posibilidad de materialización de todas las opciones políticas, y
para reforzar el proyecto independentista y socialista.
Desde esa referencia nuestras tareas consistirán en:
a) Neutralizar las intenciones del PNV de reeditar el pasado con “conciertos
políticos” que pretenden cortocircuitar un cambio político basado en el
reconocimiento de Euskal Herria como nación. Las hipotecas políticas y
económicas de este partido no pueden, otra vez, convertirse en las hipotecas
del conjunto del Pueblo Vasco.
Los intentos de reeditar viejas fórmulas autonomistas, repitiendo los errores
de hace 30 años, deben ser neutralizados por los sectores independentistas
vascos. En ese sentido, los y las independentistas debemos aglutinar nuestras
fuerzas y conformar un bloque popular independentista capaz de convertirse
en un polo alternativo a quienes quieren regenerar los vigentes mecanismos
de negación e imposición dando la espalda al sentir popular abertzale y
progresista.
b) Construir una alternativa real y eficaz que oferte al Pueblo Vasco los
instrumentos políticos, sociales, organizativos e institucionales para iniciar la
andadura desde la actual realidad hasta la construcción del Estado Vasco. La
construcción de ese Estado deberá articular el sujeto nacional vasco y, al
mismo tiempo, plantear una alternativa real al modelo social imperante
situando los intereses de los y las trabajadoras y las capas populares en el
centro de la actividad política e institucional.
c) Construir un proceso de diálogo y negociación política que conduzca a
Euskal Herria, desde el reconocimiento nacional y el respeto a la voluntad de
la ciudadanía vasca, a un escenario de paz justa, estable y duradera. En ese
sentido, nos reafirmamos en el camino emprendido con la Declaración de
Anoeta, entendiendo que sólo desde la negociación y el diálogo será posible
superar en términos democráticos el conflicto político, abordando soluciones
integrales que, entre otras cosas, permitan la liberación de todos los presos y
presas políticas vascas.
d) Vertebrar una respuesta a la represión y apartheid político e institucional,
articulando un amplio frente popular contra la vulneración sistemática de
derechos civiles y políticos, la represión y la persecución de sectores de la
sociedad vasca.
Por todo ello, hacemos un llamamiento a los sectores independentistas a
aunar esfuerzos para hacer frente con eficacia a dichos retos y tareas.
Finalmente y en sintonía con los retos y tareas planteadas, consideramos
necesario que todos los agentes sindicales, sociales y políticos que
compartimos dichos objetivos abordemos un debate y una reflexión de
carácter estratégico.
Nuestra disposición para todo ello es sincera, nuestra voluntad también.
En Euskal Herria, a 6 de diciembre de 2008.
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