
Otoño en Euskal Herria.Rafa Díez Usabiaga*
Estamos ya en pleno otoño y las tendencias previas al verano siguen sacudiendo el panorama económico y sociopolítico vasco en similar dirección. Inercias que se mantienen sin referencias que condicionen, por el momento, el rodillo social y político impuesto en la colaboración de carácter estratégico entre PP-PSee-PSN y UPN en Euskal Herria...
En el ámbito socioecónomico, tras un parentesis estival que funciona como tregua colectiva, la crisis provocada por la piratería económico-financiera del sistema neoliberal sigue incidiendo en los indicadores básicos de la economía vasca: profundización de la recesión con el PIB como referencia, importante retroceso del Indice de Producción Industrial (casi un 25% en Gipuzkoa por ejemplo) y, sobre todo, una cascada de EREs con su influencia en el galopante incremento del paro.
Unos datos que se pretenden neutralizar con medidas de ayuda social que tienen mucho de propaganda política y poco de efectividad real en las condiciones de subsistencia de los más de 160.000 desempleados/as en Euskal Herria, en su mayoría jóvenes que han pasado y pasan de la precariedad al paro.
En ese contexto surge un hipócrita debate sobre fiscalidad. Se nos dice, es verdad, que se necesitan más recursos para políticas sociales siendo imprescindible el aumento de impuestos. De acuerdo, pero cuando se abordan nuevas tasas impositivas resulta que se proyectan sobre el consumo - IVA - afectando fundamentalmente a gran mayoría social trabajadora. Eso sí, no se toca el impuesto de sociedades, el fraude fiscal masivo de las rentas de capital, el modelo de IRPF o la presión real sobre patrimonios, aumentando con ello la injusticia y desigualdad en una fiscalidad sostenida por las rentas de trabajo.
En el plano sindical CCOO y UGT sigue con su modelo sindical de acompañamiento convirtiendo el diálogo social en una especie de narcótico social. Estos sindicatos están haciendo de auténticos bomberos sociales de una situación que tiene responsables y responsabilidades. Por contra, el sindicalismo abertzale, dando continuidad a la huelga general, ha presentado un decálogo propositivo para afrontar la crisis e impulsar medidas tendentes a un cambio social. Un planteamiento idoneo para que en los próximos meses se puedan ensamblar las exigencias de cambio político y social como parte de la estrategia del conjunto del independentismo vasco.
Mientras tanto, en el ambito extricatemente político la estrategia de Estado alimenta la unidad de acción de las respectivas sucursales del PSOE y PP en Euskal Herria. Las guerras de "fotos", "símbolos"... se sitúan como referencia en una cruzada españolizante que se plantea de manera más sibilina, a "fuego lento", en medios públicos y privados. En muchas ocasiones pasan de un pretendido nuevo "vasquismo" a reflotar actuaciones y "tics" propios del franquismo. En este sentido, no son casualidad ni las acciones fascistas, ni la guerra sucia, ni los aplausos de la Falange al nuevo Gobierno de Gasteiz.
La estrategia de Estado de estos pactos tiene globalmente dos objetivos: por un lado, debilitar las condiciones del cambio político enfriando el debate "identitario" e impulsando mestizajes ideológicos en la conciencia nacional vasca y, por otro, fijar posiciones ante un PNV, y tambien Nabai, que se mueve como un "zombie" político tras la fase Lizarra-Ibarretxe y su salida del Gobierno de Gasteiz.
Con la clásica bicefalía acabada, sin liderazgo político, con las dos almas internas cohabitando sin rumbo fijo y con el españolismo situándole un "frente" que le disputa una gestión institucional convertida en un objetivo en si mismo, el PNV deambula sin horizontes nítidos.
Y en este escenario de inercias y cartas marcadas es la izquierda abertzale el único sujeto político que puede cambiar el ritmo de la política y expectativas sociales en Euskal Herria. Las referencias expuestas por la izquierda abertzale para este recién estrenado otoño tienen que proyectarse con credibilidad, fuerza y convicción.
Hay que abrir una apuesta para modificar las variables de la confrontación política, superar el bloqueo y poner los railes - instrumentos políticos - para ganar un escenario democrático que permita el cambio político y social real en nuestro pueblo. Es necesario, pues, darle forma a un nuevo ciclo en el proceso de liberación modificando las correlaciones de fuerza internas en el abertzalismo y externas en la dialéctica Euskal Herria-Estados. Así pues, en los próximos meses el independentismo vasco, el soberanismo vasco tiene que situarse en el centro del tablero político proyectando su fuerza e incidencia para avanzar hacia otra fase política.
En definitiva, tras una larga etapa de treinta años en la que se han neutralizado los instrumentos de asimilación planteados en la reforma-transición, hemos traido el proceso político al umbral de un cambio que reconozca a Euskal Herria y su voluntad democrática. Un cambio que algunos han bloqueado con un arsenal juridico-represivo, con involución en derechos civiles y políticos, con auténticos golpes de estado a la democracia política.
AHORA tenemos que situar una estrategia eficaz para avanzar hacia un escenario democrático, para sacar a los presos a la calle, para GANAR el cambio político. Ese es el otoño e invierno que tenemos que construir.
*La última colaboración realizada por Rafa Díez Usabiaga en Herri Irratia el pasado viernes
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